EL CAMPO VENEZOLANO



"SI EL CAMPO CRECE, TODO EL PAIS CRECE, SI AL CAMPO LE VA BIEN, A TODA VENEZUELA LE VA BIEN"

13 jul 2016

¿Te has preguntado qué paso con las personas a las que les expropiaron sus Tierras en #VZLA?

                                                     INTRODUCCIÓN




VOLUMEN 1



VOLUMEN 2


VOLUMEN 3


VOLUMEN 4


VOLUMEN 5


VOLUMEN 6



Saquearon depósito de la CVAL en Barinas

Un grupo de personas forzó el portón del almacén y se llevaron productos de la cesta básica.

El hecho ocurrió en Ciudad Bolivia | Foto: Twitter
El Universal

Ayer un grupo de personas saqueó un depósito de la Corporación Venezolana de Alimentos (CVAL), ubicado en el sector la "Y" de Ciudad Bolivia, estado Barinas.
De acuerdo con tuiteros, la gente se llevó comida del almacén luego de forzar el portón.

Pdval y Bicentenario reducen su oferta al mínimo para privilegiar control social de los CLAP

En Abasto Bicentenario solo vendieron desodorantes la semana pasada y para este lunes ofertaban pañales
    Correo del Caroni

Hace aproximadamente un mes que no se venden productos de la canasta básica alimentaria en el Abasto Bicentenario de Alta Vista, única sucursal del mercado en todo el estado Bolívar.
Para este lunes vendían un paquete de pañales por persona, marca Pampers, tallas pequeña y mediana. La semana pasada vendieron desodorantes. 
La oferta regular estos días es de cloro y otros productos de limpieza, “¡Debe ser que con eso yo voy a comer!”, satirizó una compradora de la cola que prefirió no identificarse. 
A los pocos minutos decidió irse, pues los pañales no eran de su interés.
Yuliana Martínez, otra usuaria, indicó que les han dicho, tanto aquí como en Pdval, que estos mercados son centros de acopio, desde donde parte la comida gestionada a través de los comités locales de abastecimiento y producción (CLAP). 
Martínez rechaza esta decisión, “porque esas bolsas de comida no le llegan a uno”, revelando problemas de distribución en los sectores Vista al Sol y 25 de Marzo, en San Félix.
En lo que va de año, las bolsas de comida han llegado solamente dos veces a Villa Adonay, en la parroquia Unare de Puerto Ordaz. Marianny Miranda, vecina del sector, decidió hacer la cola por pañales este lunes aprovechando que la línea estaba relativamente corta y ordenada.
“Lo que estoy es comprando puras verduras, porque los bachaqueros tienen precios incomparables. 
Prefiero pagar mil bolívares en un kilo de yuca que un arroz”, dijo, aunque el kilo de arroz ya cuesta hasta 1.500 bolívares en la reventa informal. 
“Leche tengo más de un año que no consigo. 
A mis hijos pequeños les doy crema de arroz, chicha, o alguno de esos preparados que tienen leche”, añadió. 
Poca comida 
La historia no es distinta en el Pdval Los Samanes, ubicado en Alta Vista, que también es la única sucursal pública para toda Ciudad Guayana. 
Este lunes reabrieron sus puertas al público pero solo tenían exhibidos unos cuantos envases de cloro, algunas latas de sardinas y pepitonas, pasta de tomate y paquetes de vasos plásticos.
El lunes de la semana pasada no había acceso al público y esto generó una protesta de compradores desilusionados que exigían la venta de todo lo almacenado
Trabajadores del Pdval, que pidieron no ser identificados, confirmaron que la comida ahora se traslada en bolsas a las jornadas gestionadas por los CLAP.
Entre los alimentos que se despachan actualmente están leche en polvo, harina de maíz, caraotas, aceite y sardinas. 
Según el personal, que enfatizó que las declaraciones oficiales deben ser suministradas por la coordinación regional de la Misión Alimentación, el Pdval funciona como centro de acopio desde abril de este año.
En la antesala de las oficinas administrativas de Pdval, al lado del supermercado, algunas personas esperan para entregar los censos correspondientes para solicitar una jornada de CLAP, las cuales se realizan con una frecuencia de 15 días a un mes dentro de las comunidades.
pdval
Se impidió al equipo reporteril de Correo del Caroní tomar fotos dentro del Pdval, cuyos anaqueles están casi vacíos, salvo por la presencia de pocas latas de sardinas, pasta de tomate y cloro
Sin embargo, la implementación de los CLAP también ha generado descontento en la población por lo engorroso del trámite, la poca variedad de la comida suministrada por la escasez de importantes productos como carne y pollo, y que no hay suficiente comida para abastecer tanto en el punto de venta como en las jornadas casa por casa.
Vale resaltar que desde hace tres años está cerrado el Súper Pdval de Vista al Sol. Mientras antes había comida para las dos sedes y para las jornadas comunitarias, ahora solo hay bolsas de ciertos alimentos para las jornadas del CLAP.
Sistema de venta 
El abastecimiento de las jornadas para los CLAP está sectorizado. 
En Pdval, por ejemplo, se aplica el llamado punto y círculo, que indica que esta sucursal abastecerá a las comunidades cercanas al punto de venta, que serían parte de las parroquias Unare y Universidad.
Mercal y Friosa se encargarían del resto de la ciudad. 
Una vez solicitada la jornada a través de la nueva célula vecinal, Pdval acuerda la ruta de distribución y prioriza los sectores a atender.
En la sede del supermercado se venderá comida a los consumidores, siempre que sobren alimentos de las jornadas de venta de los CLAP. 
Los trabajadores consultados defendieron el nuevo mecanismo, en el que los ciudadanos deben pagar el traslado de los alimentos o incluso los buscan en sus propios carros, para evitar la reventa obachaqueo, “porque hemos visto cómo compran algo y más adelante, por aquí mismo, lo revenden mucho más caro”.
Todas las historias están unidas por una vertiente: escasez de comida y una vertiginosa pérdida del poder adquisitivo. 
Ahora, por decisión del Gobierno, se le suma un trámite burocrático para que los ciudadanos puedan acceder a una simple bolsa de comida, mientras las colas y la reventa continúan.

El extraño caso de la desaparición del maíz blanco en Venezuela


El extraño caso de la desaparición del maíz blanco en Venezuela; por Ángel Alayón 640
Angel Alayón  Prodavinci

Hay una versión de la historia que ubica el origen de la palabra “arepa” en el vocablo erepa, una voz de los indígenas cumanagotos que significa maíz
Y la arepa es una forma de comer maíz desde antes de que Cristóbal Colón pusiera un pie en Macuro, en particular maíz blanco.
Digamos, entonces, lo obvio: sin maíz no hay arepas.
En estos tiempos de escasez y racionamiento, los comunicados de la industria advirtiendo sobre los bajos inventarios de maíz son motivo de preocupación en un país donde la arepa es un componente clave y un símbolo importante en la dieta de los venezolanos.
Hubo un tiempo en que no había escasez de maíz blanco. 
Venezuela se autoabasteció de maíz blanco hasta el año 2006. 
Desde ese año hasta 2015, la producción de maíz cayó un 62%. 
El gobierno nacional ha tenido que importar maíz blanco para abastecer a la industria de harina precocida.
Las necesidades de maíz blanco de la industria venezolana, donde participan empresas privadas y empresas públicas, se estiman en 1.400.000 toneladas para este año. 
La cosecha nacional fue de apenas 600 mil toneladas, por lo que el gobierno deberá importar aproximadamente unas 800 mil toneladas y revenderle maíz a la industria, si quiere mantener los niveles de producción. 
En Venezuela, el gobierno nacional es el único autorizado a importar maíz y semillas. 
La producción de harina precocida depende ahora de que adquiera el maíz y lo venda. 
Eso sin mencionar la responsabilidad que tiene también como agroindustrial.
La producción de maíz blanco en Venezuela era una historia de éxito

Venezuela pertenece a una pequeña cantidad de países donde el maíz (principalmente el maíz blanco) es consumido por humanos. 
Es también el caso de México, Sudáfrica, Colombia, algunas zonas de Estados Unidos y los países de América Central. 
En el resto del mundo el maíz es consumido por la industria de alimentos para animales, principalmente el maíz amarillo por contener precursores de la vitamina A que son necesarios para el engorde.
La autosuficiencia de maíz blanco en Venezuela era una historia de éxito debido a que la producción internacional del maíz blanco es volátil. 
Depender de las importaciones traslada esa inestabilidad a la oferta disponible de harina precocida. 
Por ejemplo: las cosechas de maíz blanco de México y Suráfrica, los países con mayor capacidad exportadora, son inestables porque su producción es sensible a los cambios climáticos.
Pero existe otra razón para favorecer la producción nacional de maíz blanco sobre el amarillo en Venezuela. 
Y es una razón económica: el maíz amarillo es más barato que el maíz blanco en los mercados internacionales. 
A los precios de hoy, un kilogramo de maíz blanco puesto en un puerto venezolano es 18% más caro que un kilo de maíz amarillo.
¿Por qué ha caído la producción de maíz blanco en Venezuela?

La disminución de la producción nacional de maíz blanco es consecuencia de las políticas económicas implementadas por el gobierno.
En Venezuela, un agricultor tiene que decidir si siembra maíz blanco o maíz amarillo en un país donde los precios del maíz están regulados. 
Si el maíz blanco y el maíz amarillo tienen el mismo precio, el agricultor no tendrá preferencia por uno de estos dos tipos de maíz. 
Así era en 2006, cuando ambos se vendían a 0,56 bolívares por kilo. 
Sin embargo, los precios que recibía el agricultor por sembrar maíz amarillo empezaron a subir.
Para la cosecha de 2015, el precio regulado del maíz amarillo era de 22 bolívares, mientras que el precio regulado del maíz blanco era de 15 bolívares. 
El gobierno entregó un subsidio de 7 bolívares por kilo a los productores de maíz blanco, así que, al menos en principio, los precios eran iguales. 
Pero nunca fue tan apropiada aquella frase popular que señala la diferencia entre la práctica y la teoría.
El maíz blanco es comprado por la industria de la harina precocida de maíz, cuyo producto principal tiene los precios regulados desde 2003 y son supervisados de forma estricta por el gobierno. 
Bajo estas condiciones, la industria de harina precocida sólo puede pagar el maíz blanco al precio que establece la regulación oficial. 
Mientras tanto, el  maíz amarillo es comprado por la industria de alimentos para animales, que pone en el mercado productos que están regulados y productos que no lo están. 
La consecuencia de esta distorsión es que el maíz amarillo es pagado a precios muy superiores a los establecidos en la regulación. 
Por ejemplo: en la última cosecha, el maíz amarillo se pagó en 50 bolívares por kilo, lo que representa un 233% de sobreprecio en comparación con el maíz blanco.
En teoría, los precios del maíz blanco y del amarillo eran iguales, en la práctica, la diferencia a favor del amarillo es enorme. 
Bajo esta estructura de incentivos: ¿quién podría estar interesado en sembrar maíz blanco?
Incluso algunos productores que siembran maíz blanco lo venden como si fuera amarillo. 
Un productor agrícola me explicó que una manera de sembrar maíz blanco y venderlo a precio de amarillo es aprovecharse del proceso de polinización cruzada del maíz, consecuencia de su condición hermafrodita: siembran una hilera de maíz blanco al lado de una hilera de maíz amarillo. 
El resultado de esta estrategia es que la mazorca tendrá maíz amarillo y blanco. 
Las regulaciones vigentes establecen que cuando la mazorca tiene al menos un 3% de granos amarillos debe descartarse como suministro para la industria de la harina precocida.
El insoportable peso de los controles
Mientras existan los controles de precios, existirán estas distorsiones. 
Y la producción de maíz blanco seguirá en caída libre, como una consecuencia inevitable, y además aumentará la dependencia de las importaciones.
Los controles de precios, tarde o temprano, siempre generan escasez. 
Así ha sido a lo largo de la historia y no podía ser diferente en Venezuela. 
Y sí ya el control de precios era un problema en sí mismo, la permisividad del gobierno en relación a los precios a los que se paga el maíz amarillo ha terminado de profundizar la distorsión.
En este año se estima que el gobierno destinará 300 millones de dólares sólo a la importación de maíz blanco. 
Un gasto que ahora se hace ineludible, pero que es la consecuencia  de un sinsentido económico en un país que es sometido por su gobierno a un shock de importaciones, de inflación y de escasez sin precedentes en su historia.
Urge una revisión integral de las políticas públicas que afectan a la agricultura y a la agroindustria, una revisión que pasa por deshacerse de un control de precios a los productores y a la agroindustria, que sólo ha servido para desestimular lo que más necesita Venezuela en este momento: producción de alimentos.

Empresas Polar solicitó préstamo de $35 millones para reactivar producción de cerveza y malta

Lorenzo Mendoza informó que el préstamo debe ser pagado en seis meses y la única forma de hacerlo es que el Ejecutivo nacional cancele la deuda en divisas con la empresa.

Cervecería Polar espera mantener las plantas operativas y a máxima capacidad | Archivo
El Nacional

Lorenzo Mendoza, presidente de Empresas Polar, informó que la empresa solicitó un préstamos de 35 millones de dólares para reactivar su producción de malta y cerveza.
“Frente a esta situación hemos estado analizando cómo hacer para activar de nuevo nuestra producción de cerveza y finalmente hemos encontrado una solución temporal que nos permitirá producir hasta finales de 2016”.
Según explicó Mendoza, la empresa obtuvo un préstamo de 35 millones de dólares de la institución financiera internacional BBVA, utilizando como garantía sus acciones en  Inversiones Banpro International Inc. N.V. Curacao, en la que Empresas Polar tiene una participación accionaria desde 1984.
El préstamo le permitirá comprar cebada malteada y lúpulo, materia prima para la fabricación de cerveza y malta, y láminas de acero para poder fabricar las tapas.
Este préstamo debe ser pagado en seis meses y la única manera de hacerlo es que el gobierno garantice el acceso a las divisas.
“Es necesario que el gobierno nacional garantice un sistema de acceso a las divisas que nos permita cumplir con el pago de esta obligación. 
Empresas Polar está demostrando con hechos que está comprometida con los venezolanos”.
Los 11 centrales azucareros del Estado inoperativos en 2016

Los 11 centrales azucareros del Estado inoperativos en 2016
Dayrí Blanco   El Carabobeño

En casa de los González Pinto ya se acostumbraron a tomar café sin azúcar

Al principio todos se rehusaban, pero ya hasta almuerzan con jugo sin agregar endulzante. 

Hace cuatro meses que no consiguen el producto en los anaqueles por más colas que hagan a la semana.

Tampoco lo volvieron a ver en los estantes de establecimientos que lo vendían a sobreprecio. 

En los molinos estatales tampoco hay nada. 

Ni un solo gramo. 

Nada salió de ellos durante la última zafra, que dependió exclusivamente de los cincos centrales azucareros privados pese a las limitaciones para la importación de repuestos de las maquinarias.

A principios de abril, el molino Santa Elena hizo historia al encender sus motores como el único de los expropiados en el año 2000 que estuvo operativo. 

Pero solo lo hizo por 15 días. 

Una falla que no pudo ser reparada impidió que se mantuviera activo.

No hay presupuesto. 

Las empresas tomadas por el entonces presidente Hugo Chávez no cuentan con recursos para sustituir repuestos o maquinarias. 

La zafra fuerte de caña de azúcar inició en noviembre y culminó hace un mes. 

Durante ese lapso no molieron nada, detalló Eugenio Rodríguez, presidente de la Asociación de Cañicultores de Carabobo.

Las consecuencias son fáciles de medir en números. 

No más de 250 mil toneladas (TN) de azúcar refinada se colocarán este año en el mercado nacional. Esto significa apenas 20,83% de la demanda de un millón 200 mil TN. 

La importación de 950 mil TN se hacen necesarias pero el Ejecutivo no cuenta con las divisas necesarias para hacerla. 

El año pasado se compró en el exterior entre 600 mil y 700 mil TN.

Solo dos millones 900 mil TN de caña entraron en molienda durante la reciente zafra. 

El año pasado para esta fecha se habían procesado cinco millones, lo que representa una caída de 42%.

En Carabobo apenas se molieron 38 mil TN de una capacidad de cosecha de 300 mil TN y más de 16 mil TN se quedaron en los campos esperando ser trasladadas a los centrales azucareros. 

“Pero no se pudo porque no tenemos transporte, ni las maquinarias ni herramientas necesarias, y tampoco había disponibilidad de molinos”.

Las empresas privadas también enfrentan una crisis operativa. 

Trabajan a menos de 75% de su capacidad por los mismos motivos que viven los públicos. Actualmente solo están en capacidad de molienda Pastora y Río Turbio. 

Portuguesa, Molipasa y El Palmar están detenidos.

689% de aumento.

Los precios continúan rezagados. 

Productores de azúcar aún esperan por un nuevo ajuste prometido por la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde) que al menos les permita dejar de trabajar a pérdida.

Se exige al Ejecutivo una sinceración. 

Actualmente el precio de venta al consumidor del kilo de azúcar es de 76 bolívares y de acuerdo al último estudio de estructura de costos realizado por el sector debe incrementarse a 600 bolívares.

En febrero de 2015, de acuerdo a resolución de la Sundde y tras un año de rezago se ajustó el precio de venta al consumidor de 192,31% al pasar de 26 bolívares a 76. 

También varió 263,64% el que pagan a los productores que estaba en 11 bolívares.

“La solución no es una bolsa de comida sino que los productos estén en los supermercados”

Acudir a los mercados ya no representa economía para el bolsillo. Clientes aseguran que la crisis pega en todos los estratos
   Correo del Caroni

En el Mercal de 25 de Marzo, en el corazón popular de San Félix, solo había galletas y velas el martes. 
No había colas. No había bullicio. No había nadie ni asomado, ni esperando, ni queriendo entrar porque solo había dos rubros y ocho trabajadores sentados, sin más que hacer que ver sus caras.
Al frente, en una venta de empanadas cuyo frente da al Mercal, cuentan que vivir a 10 pasos del establecimiento de la red estatal no garantiza el suministro de alimentos. Jacqueline Reyes tiene 13 años vendiendo empanadas y asegura que están en peligro de extinción
Ya no prepara de carne porque roza la tercera parte de un salario mínimo, y los rellenos de queso, pollo y pescado están en la cuerda floja en la medida que pasan los días.
“Yo no había vivido una situación así”, asevera la mujer, quien señala que vivir frente al Mercal no significa nada, pues justo ahora la nevera lo que tiene es agua.
Como ellas, en toda Ciudad Guayana y el país, comer se ha vuelto una tarea complicada, porque el dinero no alcanza y los alimentos no se consiguen ni en las redes privadas ni en las estatales.
En la presentación de su informe anual 2015, el Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) resaltó que la profundización del deterioro de la calidad de vida de los venezolanos que se manifiesta cotidianamente en la escasez extrema de alimentos y medicinas, así como en la inflación más alta del mundo, son los signos distintivos de la situación de los derechos humanos en Venezuela. 
“Con el presidente Maduro la pobreza y la inflación han alcanzado niveles históricos, a tal punto que Provea ha caracterizado a su gobierno como una gran fábrica de pobreza y exclusión social”, destacan.
Cuatro amas de casa de la ciudad cuentan qué han eliminado y qué hacen a diario para hacer que el dinero rinda y la comida no falte en casa. 
Son los rostros del retroceso social y de la violación de derechos fundamentales.
“Ahora hago arepas de plátano y auyama” 
OdalysMariNo
Odalys Mariño reside en Core 8 y asegura que por la falta de harina de maíz precocida ha tenido que aprender a elaborarlas de plátano y auyama; ha tenido que eliminar de forma obligada el consumo de harina de trigo y embutidos, en el último caso por la inflación que hace que una liviana bandejita de queso o jamón supere los mil bolívares.

“Cuando compro embutidos es un poquito para los muchachos y si consigo harina integral aprovecho de prepararles algo”, cuenta.
“La situación cada día es más difícil y a la semana se gastan no menos de 20 mil bolívares solo en comida”, añade. 
Cubrir el gasto no es sencillo, sostiene, pues sobreviven con el ingreso de su hijo que trabaja en un autolavado y lo que entra de una pequeña quincalla que tienen. Su esposo, por ahora, está desempleado.
“Si no hago cola, no consigo nada”
CarolinaBoscAn
Carolina Boscán duerme dos días a la semana fuera de casa para asegurarse un puesto en la cola del siguiente día en el Mercal del centro de San Félix y en los establecimientos chinos cercanos. 

“Si no hago colas, no consigo nada, así que me vengo de miércoles para jueves para comprar en Mercal y de jueves para viernes al centro porque si vienes a las 6:00 de la mañana del mismo día ya hay como mil personas”.

La estrategia que emplea para ganar algo es revender alguno de los productos que compra, “eso lo hago a veces”. 
¿Qué ha dejado de hacer por la escasez y qué extraña? 
“El espagueti con carne molida lo dejamos de hacer por lo caro y porque no tengo ni mayonesa ni salsa de tomate. 
Ya no compro sardina en lata porque sale muy cara y en la casa casi no se hace arroz”, sostiene.
“Para comer carne tengo que comprar una empanada” 
DeisyRodrIguez
Deisy Rodríguez ha contado con la fortuna en los últimos tiempos de criar pollos para la propia alimentación familiar que, asegura, acompaña con verduras y maíz pilado. 

“No estarán bien alimentados esos pollos pero por lo menos aprovechamos para comer; pero carne no comemos, para poder comer carne tengo que comprar una empanada”.

La mujer tiene tres niños, de 7 y 5 años y uno de 2 meses. “Al pequeñito le damos fororo (…) a ellos tratamos de darles todo, pero los adultos sí hemos eliminado el desayuno y parte del almuerzo”. 
Entretanto, la venta de bolsas de comida por parte de los comités locales de abastecimiento y producción (CLAP) no le ha tocado la puerta en el sector 5 de Julio.
“Hemos dejado de consumir frutas” 
JosefinadePErez
Josefina de Pérez sale del mercado con su bolsa ecológica en brazos. 

Solo allí, señala, se le ha ido más de la tercera parte de su pensión. 

En su casa, indica, han dejado de consumir frutas como piña, lechosa y guayaba; así como las verduras por el alza. 

“La leche no la consumimos porque no la conseguimos, igual el azúcar y harina PAN solo cuando llega, hace días no compro pollo y carne, la situación está demás de crítica”.

En el sector Los Alacranes, en donde vive, asegura que no ha llegado la distribución de alimentos del CLAP. 
“Nos ofrecieron unas bolsas y no han llegado todavía, pero eso no es solución, la solución es que estén los alimentos en el supermercado; uno no va a estar haciendo cola a ver si lo matan”, apunta.