EL CAMPO VENEZOLANO



"SI EL CAMPO CRECE, TODO EL PAIS CRECE, SI AL CAMPO LE VA BIEN, A TODA VENEZUELA LE VA BIEN"

13 jul. 2016

La Lección Venezolana


José F. Lafaurie   La Opinion

Del otro lado del “Arauca vibrador” sobrevive la ganadería venezolana, que fuera próspera y con proyecciones hasta el advenimiento del Socialismo del siglo XXI, y hoy hace parte de la catástrofe del régimen castro chavista de Maduro.
Allí, las estrategias del comunismo internacional, dictadas por el Foro de Sao Paulo y seguidas a pie juntillas por Chávez y Maduro, con la alta dosis de corrupción que termina acompañando también al totalitarismo, cumplieron su objetivo de igualar por lo bajo, persiguiendo la iniciativa empresarial y la propiedad privada, destruyendo el aparato productivo y empobreciendo a todo el país.
Acá, el campo colombiano se enfrenta hoy a la imposición de una reforma Rural Integral que replica las mismas estrategias, disfrazada de equidad en pro de los campesinos sin tierra -derecho indiscutible, por demás-, pero marcada por los claros intereses de control territorial de las Farc; una reforma que, convertida en mandato constitucional, tendrá consecuencias desastrosas para la producción agropecuaria y la vida rural.
En Venezuela la ganadería no escapó a la estrategia. 
Primero fue perseguir a la institucionalidad gremial histórica -La Federación Nacional de Ganaderos de Venezuela, FEDENAGA-, defensora del derecho a la legítima propiedad privada de la tierra y reclamante de un modelo de desarrollo y una política agropecuaria acordes con las necesidades y fortalezas del sector rural. 
Luego vino la suplantación de esa institucionalidad gremial por una de bolsillo y, suprimidas las voces contestatarias al régimen, iniciaron las expropiaciones masivas de la tierra rural. 
La mayoría de estas propiedades, entregadas a chavistas declarados, nunca fueron explotadas o perdieron productividad, llevando a la crisis de desabastecimiento. 
Se estima que, solo a partir de 2007, cuando se intensificó la expropiación, 5,7 millones de hectáreas fueron afectadas.
El resultado: de no menos de 20 millones de cabezas al final de los noventa, hoy no quedan más de 8 millones. 
Para entonces, la producción ganadera abastecía el 97% de la demanda interna de carne. 
Actualmente, con un consumo anual reducido de 550.000 toneladas, solo el 35% se produce en el país, y algo similar ocurre con la leche, con tan bajos niveles de producción que se debe importar el 70% de la demanda actual. 
Como hoy ni siquiera se puede importar, el resultado es escasez y hambre. El consumo per cápita de carne era de 23 kilos en los noventa y hoy apenas alcanza 6 kilos/año.
Fedenaga es un gremio surgido de la defensa de los derechos de los ganaderos, amenazados por la ola de reformas agrarias expropiatorias que inundó el continente a mediados del siglo pasado. 
Con más de seis décadas al servicio del ganadero, Fedenaga volvió a levantar su bandera en defensa de la propiedad privada y, como consecuencia, en palabras de su presidente: “La institucionalidad gremial ganadera fue fuertemente atacada (…) 
No pudiendo acabar con Fedenaga, la institución cúpula, crearon gremios paralelos oficialistas que apuntalaron hasta más no poder, corrompiendo con agrocréditos no reembolsables y todo tipo de prebendas…”. 
De ser un gremio reconocido, Fedenaga pasó a ser perseguido y traidor al régimen, a pesar de lo cual se sostiene con valentía en sus principios fundacionales.
En nuestro país el ciclo ha comenzado. 
La persecución contra Fedegán es la cuota inicial, por alertar sobre los riesgos que amenazan a los ganaderos en el posacuerdo rural. 
La expropiación para alimentar el Fondo de Tierras; la persecución de una Jurisdicción omnipotente y sesgada; y el acoso impositivo a los productores empresariales. 
¿Qué será de nosotros mañana? 
No puedo evitar la comparación, ni hacerme una pregunta que hoy nos ronda: ¿A quién le estorbaba Fedenaga?

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