EL CAMPO VENEZOLANO



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25 oct 2015

Las claves de la nueva agricultura

En el siglo XXI el desafío es mayor porque no sólo hay que proveer de alimentos a una población que crece cada día, sino que hay que hacerlo con una menor disponibilidad de superficie cultivable y con graves problemas de escasez de agua y de mano de obra.

Agricultura inteligente
FERNANDO TRAVIESO Y MAGALY IRADY  Tal Cual

Desde mediados del siglo XX, el sector agrícola mundial enfrentó el reto de producir alimentos para una creciente población mediante el incremento de la productividad, lo cual fue posible gracias a las nuevas técnicas para mejorar y seleccionar semillas, la evolución de los sistemas de riego y el desarrollo de nuevos fertilizantes y maquinarias; proceso que en términos generales fue resultado de cuantiosas inversiones de las grandes empresas multinacionales.
En el siglo XXI el desafío es mayor porque no sólo hay que proveer de alimentos a una población que crece cada día, sino que hay que hacerlo con una menor disponibilidad de superficie cultivable y con graves problemas de escasez de agua y de mano de obra. 
Afortunadamente, el avance y desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TICs), está dando lugar a una nueva economía agrícola caracterizada por la competencia y la innovación donde tienen cabida un mayor número de inversores pequeños y medianos en más países, haciendo que ésta sea más dinámica y adaptable que el modelo que predominó en el siglo pasado.
Se trata de una forma de producir “inteligente y precisa” cuya clave es la capacidad para tomar las mejores decisiones en cada momento a través de la captura, almacenamiento y análisis, en tiempo real, de una enorme cantidad de datos procedentes de sensores que miden variables como el PH y la humedad de la tierra, la calidad del aire y los niveles de nitrógeno, de imágenes aéreas que envían drones y satélites, o de previsiones del tiempo emitidas por las agencias meteorológicas.
Una de las evidencias más claras de que las TICs se están usando cada vez más para ayudar a los agricultores a producir de forma más eficiente, es que los fondos de capital de riesgo que operan en Silicon Valley invirtieron un poco más de mil millones de dólares en startups tecnológicas del sector en 2014, lo que significó un incremento de más de 700 millones con respecto al 2013. 
En efecto, cada vez es mayor el número de emprendedores que participa del tema a través del desarrollo de sensores, drones, robótica, nanotecnología, así como de variados y útiles softwares que facilitan el manejo de los cuantiosos datos (Big Data) que no pueden ser procesados o analizados utilizando procesos o herramientas tradicionales.
En las nuevas granjas, los softwares y el análisis de datos son la base de las operaciones, haciendo más asequible y viable la actividad. 
Por ejemplo, las fumigadoras, cosechadoras y tractores que fabrica la marca John Deere, vienen equipados para enviar información por vía inalámbrica sobre su ubicación y lo que están haciendo. 
Al cruzar esa información con datos generados por sensores ubicados en el suelo y con informes metereólogicos, la eficiencia en el uso de los recursos (agua, semillas, abonos, etc.) aumenta de manera tal que permite al agricultor incrementar los niveles de producción, reducir los costos y pagar la inversión en tecnología.
Pero no sólo en Estados Unidos se están generando valiosos apoyos tecnológicos para la producción agrícola. 
En Inglaterra se encuentra actualmente en fase de prueba una nueva tecnología llamada Vital Herd que monitoriza factores claves de la salud bovina —ritmo cardíaco, respiración, temperatura, contracciones del sistema digestivo— y transmite los resultados cada 15 minutos a partir de los datos recogidos por una pastilla inteligente que el animal se ha tragado previamente. 
Hasta ahora, la salud de una manada se controlaba mediante la observación de los animales por parte del criador, pero con este flujo de información, el ganadero puede anticiparse en la identificación precoz de un animal enfermo antes de que pueda contagiar a otros animales, maximizando el estado de salud de la manada mientras reduce al mínimo la necesidad del uso de antibióticos.
En esencia, una agricultura inteligente que se nutre de datos precisos para lograr niveles de producción adecuados, con el menor impacto posible en nuestro ambiente. 
La ciencia y la tecnología del siglo XXI dando su aporte en la transformación de nuestro hábitat para asegurar la permanencia de la humanidad.

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